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El Lobo de Wall Street

El Lobo de Wall Street

EL LOBO DE WALL STREET (2013) – Martin Scorsese

Bueno, ¿qué pretende Scorsese en El lobo de Wall Street?

Mucha pompa. Codicia, poder, sexo, pasta, drogas, más pasta, más drogas… No limits.

Martin Scorsese se mete en la boca del lobo y su película no es más que el retrato de lo que ha conllevado la cultura del dinero y las consecuencias de lo que es ser un indecente. Y da un poco de asco.

El lobo de Wall Street es un desfile degenerado de personajes y conductas reprobables. Leonardo di Caprio interpreta a un eufórico diablillo  con el que te meas de risa cuando va colocado, es decir, durante buena parte de la película. Pero a la vez, es Jordan Belfort, un bróker conocido en Wall Street por su picardía fraudulenta.

Scorsese compró los derechos de los libros que ha escrito el auténtico Belfort y ha rodado tres horas basadas en la vida real de un depredador  sin escrúpulos  a lo gran festín. La pantalla se llena de avaricia y desenfreno.

Un timo de millones de dólares avalado por la desregularización del mercado y mucho vicio a costa de gente confiada en ves a saber qué.  Con cameo del auténtico Belfort, -lo que deja a una boquiabierta-, y al que la película de algún modo concede un valor con el que el espectador no sabe muy bien qué hacer. ¿Será que el circo de depravación tiene que bastar para sacar conclusiones? Pues oye, con los primeros noventa minutos era suficiente. Y si la idea es agotar hasta la extenuación, no me interesa. Te enteras de lo que es la ‘metacualona’, eso sí, El lobo de Wall Street no sería lo mismo sin  ludes. Tiene algo de Resacón en Las Vegas (2009).

La película muestra a un Belfort desde sus comienzos hasta su relativo ocaso, con una falta absoluta de ideales y la cara muy dura. Un tipo que difícilmente se pueda defender.  Pero eh, que si te va el rollo, te puede caer bien. He aquí, la gran cuestión. Y difícil resultará borrar las imágenes de tu memoria gracias a Di Caprio, que si no es por esta película, se merece el Oscar igualmente.

‘Con viento se limpia el trigo y los vicios con castigo’, dice el padre ficticio de Di Caprio varias veces. Pues oye tú, suerte que lo dice alguien. Porque empezaba a creer que el modus vivendi/operandi de Belfort molaba. Supongo que Scorsese huye de hacer de juez pero sin ello el sentido de la película queda difuminado.

Al final, lo único que veo mientas suena Mrs. Robinson es que  el original Jordan R. Belfort recorre el mundo dando conferencias motivacionales. Que baje Dios y lo vea.

Elisabeth Giraudier

Gotham Films. Productora audiovisual Madrid.

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