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IRÁN: De Pélicula

IRÁN: De Pélicula

IRÁN: DE PELÍCULA

IRÁN: De Pélicula. Hasta hace relativamente poco el cine iraní era para la gran mayoría un absoluto desconocido, tomando como única referencia en el mejor de los casos un sólo nombre y apellido: Abbas Kiarostami. Si en vez de iraní se llamara cine persa, otro gallo cantaría, pues alfombras de muchos nudos con medallón central y gatos aristocráticos peludos con pedigree han corrido mejor suerte.

No olvides nunca quién eres ni de dónde vienes 

En Irán, el valor de la vida de una mujer vale la mitad que la de un hombre. Los derechos humanos se violan constantemente y a los artistas se les amarga la vida con detenciones y encarcelamientos por parte de los que sienten amenazado el gobierno iraní. No hay que olvidar la sarta de injusticias y vejaciones que sufre actualmente el cineasta Jafar Panahi -bajo arresto domiciliario-.

La situación en este país respecto a las libertades de expresión es nefasta aún y contando con un gran valor cultural y artístico como es su cine. Van muy atrasados en algunas cuestiones pero contrariamente a lo que se podría pensar, el séptimo arte se introdujo pronto en Irán (principios siglo XX). Desde entonces se ha desarrollado una industria cinematográfica que después del cine mudo se pasaría al bálsamo de las películas sonoras comerciales también llamadas film-farsi: melodramas con escenas de bailes y peleas de obligado final feliz. Después de la revolución de 1979 que instaló la república islámica de Jomeini, cualquiera que no comulgara con el panfleto era censurado. Para los directores y productores, cada vez más influenciados por el cine moderno, las dificultades llegaron cuando quisieron hacer adaptaciones, y a unos cuantos intelectuales les dió por reflexionar con películas post-revolucionarias que el régimen denominó motefavet o pertenecientes al nuevo cine iraní. Y siguen con las mismas.

Afortunadamente para nosotros, que la censura en Irán desapruebe el trabajo de algunos artistas no ha evitado que su cine llegara a la crítica internacional y fuera valorado como se merece. Increíble es  la valentía que tienen para esquivar continuamente el veto. Aquí están algunas producciones: El globo blanco (1995), Baran (2001), Persepolis (2007), Nader y Simin, Una separación (2011) y Argo (2012). ¿Qué tienen en común? Que pasan en Teherán.

A Argo, dirigida por Ben Affleck, no la consideraremos al mismo nivel -aunque haya ganado 3 estatuillas- por ser una producción americana que aún que cuenta con una buena historia (basada en hechos reales), jamás será completamente genuïna. Es entretenida y pretende atender la crisis de los rehenes en Irán con Carter de presidente en EEUU pero para mi gusto peca de presumida. Aunque técnicamente podríamos reconocerle algunos logros. Suspense, cierto ingenio, Hollywood con barba de Oriente Próximo y el ego de Affleck. No da para mucho más. Ergo… Argo.

El globo blanco es una cinta con guión de Kiarostami y debut de Panahi como director que narra la historia de una niña – actriz no profesional que se te queda grabada en la retina-, en busca de un pez de colores. La ternura y delicadeza con que la cámara acompaña de paseo a Aida desde su casa hasta la tienda de peces bien se gana al espectador que de algún modo pacta con la película igual que lo hace la niña con cada obstáculo que encuentra en el camino.

El empecinamiento para obtener lo que tanta ilusión les hace convierte a los protagonistas en pequeños héroes capaces de sobreponerse a cada desventura con el objeto de alcanzar lo que quieren. Viaje poético a más no poder.

Baran significa lluvia. Es una película de Majid Majidi (fácil de recordar comparado con otros nombres). Lattef es un joven iraní que trabaja en una construcción dónde hay refugiados afganos empleados ilegalmente que sufren por culpa del régimen talibán. La historia que nos cuenta Majidi suave y lentamente nos conmueve y explica también la dignidad y bondad de algunos individuos que no ceden ante la injusticia ni el resentimiento.

Teníamos tantas ansias de libertad que olvidamos que no éramos libres

Persépolis fue antes cómic que película de la novelista gráfica Marjane Satrapi.

La historia autobiográfica (1979-1994) de la niña que un día fue Marjane en el Teherán de la revolución iraní, de los ayatolás, de la guerra entre Irán e Iraq, de la represión, de la imposición del ‘chador’ islámico, etcétera. Persépolis acaba resultando una obra maestra  que alcanza su perfección entre el trazo infantil de sus dibujos en blanco y negro, la selección esmerada de cada situación y la sensibilidad e inteligencia en la totalidad de su discurso con un humor muy particular que huye del victimismo.

Producción francesa hecha por una iraní que toma referencias de las sombras expresionistas alemanas a la vez que del neorrealismo italiano. Buena ocasión para conocer cómo sobrevive una familia culta y progresista en un país dónde los códigos religiosos impuestos son escandalosos. La represión, la (in)tolerancia, el amor, el exilio y otros temas son genialmente presentados por una niña con una imaginación desbordante, una abuela maravillosa y un abanico de oportunidades que lamentablemente no tienen otros pero que se pueden convertir en un conjunto de libertades eternamente ansiadas. En la versión original cuenta con Catherine Deneuve y su hija Chiara Mastroianni para poner voz a los personajes.

Nader y Simin, una separación. 

Enorme película de Asghar Farhadi con  bajo presupuesto sobre un matrimonio de clase media que junto a su hija ultima todo para marcharse de Irán en busca de un futuro mejor. La intransigencia que les llevará a separarse, la cuestión sobre dónde se encuentra la justicia y quién dispone de la verdad mueve los hilos de esta brillante trama con interpretaciones magistrales además de revelar a Occidente una nueva Deborah Kerr oriental (Leila Hatami). La responsabilidad de esta cultura con sus ancianos, los pilares de una educación más que sagrada, la obstinación de los individuos y el derecho confluyen en el seno de una familia que se quiere pero que muestra no disponer de las herramientas para defenderse ni llegar a ningún acuerdo. La elección de Farhadi a la hora de situar la cámara es igualmente superior. Primera película iraní de la historia en ganar un Oscar.

Por un Irán libre.

Elisabeth Giraudier

Gotham Films. Productora audiovisual Madrid

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