Blog - Synecdoche, New York.

Synecdoche, New York.

Synecdoche, New York.

Synecdoche, New York. Todas las vidas, mi vida.

En la vida hay varios mundos que siempre andan juntos.

Comienzo la crítica con dudas: ¿Qué buscamos en una película? ¿Cómo presentar el argumento sin demasiadas complicaciones? ¿Cómo preservar al posible espectador de… ? Creo que vale la pena intentarlo.

El invitado de hoy es Charlie Kaufman. Y el visionado, con el que debuta como director, es Synecdoche, New York (2008).

Caden Cotard (véase síndrome de Cotard relacionado con la hipocondría) es un dramaturgo al que parecen empezar a torcérsele las cosas al inicio de la película. Profundamente apesadumbrado por todo lo que le sucede y buscando explicarse a él mismo un sinfín de historias decide recrear su vida -todas las vidas-, en un gran set en el que reproduce la ciudad de Nueva York y dónde incluye todos los sitios y personas que han formado parte de su vida con actores que hacen de actores que actúan cómo actores haciendo de personas reales. ¿Alguien anda despistado? Todos tranquilos, este viaje al centro de Caden Cotard requiere de este mareo, él es el primero en pulular como peonza en el gran plató del mundo. Él, que no es otro que Philip Seymour Hoffman cuando ya ha dejado atrás la sofisticación de Truman Capote. Lo que no miento si digo que el paso de transformarse de una película normal a una cosa tan rara fluye con una naturalidad exquisita y me refiero a que uno está metido en el lío en un tris sin darse cuenta.

El final forma parte del principio

Hasta aquí, creo que es posible hacernos una idea de las intenciones del director y su metanarrativa – la que va más allá de la historia-. Cuando le preguntan a Kaufman por el género, reprocha la obcecación de algunos por rodar películas o tristes, o alegres, sin contemplar apenas combinaciones. Y es que en Synecdoche, New York vais a encontrar de todo: desde calma hasta estremecimiento. Un sondeo por las encrucijadas del laberinto mental que puede dar miedo.

Pero volvamos al título. Synecdoche pretende hacer un juego de palabras entre Schenectady (una localidad de NY) y sinécdoque (figura retórica que consiste en expresar la parte de algo para designar el todo o al revés). He aquí la gran cuestión.

Estamos delante de una pieza artística de gran valor dónde cabe un vuelco para todo. Un film que arroja cascadas de realismo, que juega con los límites entre realidad y ficción sin trampas, que aborda el tema de la creación, de la destrucción y que te empuja a abrir los ojos dentro del sueño.

¿Podríamos salirnos de nuestro cuerpo y nuestra biografía y observarnos por una mirilla? ¿Controlaríamos nuestra vida si la transformáramos en un guión en el que se pudieran alterar los sucesos y diálogos? ¿Hasta qué punto somos responsables sobre la realidad? Caden Cotard va en busca de respuestas creando una obra para comprenderse.

La vida que nos hemos perdido simplemente no existe, reza la letra de una canción. ¿Pero es así? ¿Qué significa ‘existir’ y en qué dimensión puede acontecer? En el manual express de ontología que improviso,  algo está claro: lo que existe son las cosas que afirmamos como realidades. Pero, demos una vuelta de tuerca a esto… ¿no hay acaso distintos niveles de realidad? Para plantear el tema al espectador Kaufman coloca a Caden en una posición desde la que puede asistir como partícipe a su propia vida. Como si se tratara de suplantar el propio yo -sirviéndose de alter egos y explorando en el tema del desdoblamiento de género (Caden = Ellen)-, Kaufman encara al personaje con metáforas de otras versiones de él mismo. Enmarañando, si cabe, un poco más. Reside sin duda en su interior el agotamiento o como en el Walking Around de Neruda, ‘sucede que se cansa de ser hombre’ en este intento de escapada de si mismo.

La concepción del tiempo (duración de las cosas, conciencia de pasado, presente que ya no está y futuro que será ahora mismo) y el espacio en Synecdoche, New York pasa por la pura filosofía.

Y al finalizar esta experiencia cinematográfica, el trabajo de Kaufman ha concluido. Se abren las puertas del abismo… ¿Y ahora, qué hacemos?

NOTA: Agradecimientos a Fiona por las fuentes.

Elisabeth Giraudier

Gotham Films. Productora audiovisual Madrid

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